Las ambiciones de Marruecos de convertirse en potencia mundial del hidrógeno verde se están acelerando. Sin embargo, Rabat está asignando terrenos en un territorio que no le pertenece legalmente.
Con la intención de posicionarse como un proveedor clave de minerales estratégicos para las potencias occidentales, Marruecos ha firmado un nuevo acuerdo con Estados Unidos que cubre las aguas del Sáhara Occidental y los minerales críticos que estas albergan.
El impulso de Marruecos por el hidrógeno verde ha dado un paso decisivo en un territorio que no le pertenece legalmente.
Una declaración conjunta surgida a raíz del Consejo de Asociación UE-Marruecos de la semana pasada pide a sus lectores que crean en una ficción: que un plan de autonomía sin definir, impuesto por una potencia ocupante, puede satisfacer el derecho a la autodeterminación, y que el respeto al derecho internacional puede coexistir con la omisión sistemática de las sentencias del propio tribunal supremo de la UE.
Mientras la Unión Europea, con razón, se moviliza en apoyo del derecho de los groenlandeses a decidir sobre su propio futuro frente a injerencias externas, una prueba del compromiso real de la UE con la autodeterminación se está llevando a cabo discretamente en Bruselas.
Las normas internacionales de certificación blanquean el controvertido comercio de Marruecos de productos pesqueros y agrícolas en el Sáhara Occidental ocupado, según revela un nuevo informe.